jueves, 22 de mayo de 2014

EL ÁRBOL DE MANZANAS

Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas. Un pequeño niño lo amaba mucho y todos los días jugaba alrededor de él. Trepaba al árbol hasta el tope y él le daba sombra. Amaba al árbol y el árbol amaba al niño. Pasó el tiempo y el pequeño niño creció y nunca más volvió a jugar alrededor del enorme árbol.

Un día el muchacho regresó al árbol y escuchó que el árbol le dijo triste: “¿vienes a jugar conmigo?”. Pero el muchacho contestó: “ya no soy el niño de antes que jugaba alrededor de enormes árboles. Lo que ahora quiero son juguetes y necesito dinero para comprarlos”.

“Lo siento – dijo el árbol- pero no tengo dinero… Te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas. De esta manera tú obtendrás el dinero para tus juguetes”. El muchacho se sintió muy feliz. Tomó todas las manzanas y obtuvo el dinero y el árbol volvió a ser feliz. Pero el muchacho nunca volvió después de obtener el dinero y el árbol volvió a estar triste.

Tiempo después el muchacho regresó y el árbol se puso feliz y le preguntó: “¿vienes a jugar conmigo?”. El muchacho le contestó: “no tengo tiempo para jugar. Debo trabajar para mi familia. Necesito una casa para compartir con mi esposa e hijos. ¿Puedes  ayudarme?”.
  
“Lo siento, - dijo- el árbol- pero no tengo una casa, pero… tú puedes cortar mis ramas y construir tu casa”. El joven corto todas las ramas del árbol y esto hizo feliz nuevamente al árbol, pero el joven nunca más volvió desde esa vez y el árbol volvió a estar triste y solitario.

Cierto día un cálido verano, el hombre regresó y el árbol estaba encantado: “¿vienes a jugar conmigo?”. El hombre contestó: “estoy triste y volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar. ¿Puedes darme uno?”. El árbol contestó: “usa mi tronco para que puedas construir uno y así puedas navegar y ser feliz”. El hombre cortó el tronco y construyo su bote. Luego se fue a navegar por un largo tiempo.

Finalmente regresó después de muchos años y el árbol le dijo: “lo siento mucho, pero ya no tengo nada que darte ni siquiera manzanas”. El hombre replicó: “no tengo dientes para morder, ni fuerza para escalar… por ahora ya estoy viejo”.
  
Entonces el árbol, con lagrimas en sus ojos, le dijo: “realmente no puedo darte nada… la única cosa que me queda son mis raíces muertas”. Y el hombre le contestó: “yo no necesito mucho ahora, solo un lugar para descansar. Estoy tan cansado después de tantos años”. A estas palabras el árbol le repuso: “bueno, las viejas raíces de un árbol, son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y descansa”. El hombre se sentó junto al árbol y éste, feliz y contento, sonrió con lagrimas.
  
Esta puede ser la historia de cada uno de nosotros. El árbol son nuestros padres. Cuando somos niños, los amamos y jugamos con papá y mamá… cuando crecemos los dejamos… solo regresamos a ellos cuando los necesitamos o estamos en problemas… no importa lo que sea, ellos siempre están allí para darnos todo lo que puedan y hacernos felices. Tu puedes pensar que el muchacho es cruel contra el árbol, pero es así como nosotros tratamos a nuestros padres…


Valoremos a nuestros padres mientras los tengamos a nuestro lado y si ya no están, que la llama de su amor viva por siempre en tu corazón y su recuerdo te dé fuerza cuando estás cansado…       

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